Carta a los reyes magos

jueves, 3 de enero de 2008


Queridos Reyes Magos de Oriente:
Seguramente os extrañará que os escriba el dia 7 de Enero, pero es que me gustaría aclararos que durante todo un año me he estado portando inmejorablemente. He respetado y querido a mis padres y a mis hermanos, he sido respetuoso con toda mi familia, no he contestado con mal tono a nadie, he aguantado los desplantes de mi jefe en el trabajo sin rechistar, he colaborado en acciones humanitarias, he aguantado a mi vecino de enfrente y he sido presidente de mi comunidad durante todo este tiempo, tampoco he pegado palizas a mi mujer ni he pisado la taberna, y todo esto para que vosotros, los reyes más magos del mundo, me traigais una mierda de caja de pañuelos como el año pasado, que por cierto, cuando te limpias, no hay forma de evitar que los mocos te empapen la mano de lo finos que son, una asquerosidad de colonia que cuando me la pongo no la aguanta ni mi perra y un patético boligrafo que te mancha los dedos al escribir.
Y lo que ya no acabo de entender, es como al cabronazo de mi jefe que lo único que hace es dar por el culo a los demás, le habeis traido un ordenador portátil último modelo, al mariconázo del vecino de enfrente, le habeis traido un mercedes 320, y al que fué presidente de mi bloque el año pasado, le habeis regalado un viaje a Cuba, y yo aquí, como un gilipollas, con mi asquerosidad de boligrafo llenándome todo.
¿Sabeis lo que os digo? Que vosotros ni sois Reyes, ni sois magos ni sois "na", vosotros lo que sois unos hijos de puta, que haceis el paripé el único día que trabajáis montados en esos mierdas de camellos que lo único que hacen es cagarse por todas las ciudades por donde vais, tenéis a la gente engañada en la noche anterior con la ilusión y sois tan cabrones e inutiles, que la cagais con gente como yo. Vais vacilando por el mundo con esa orterada de trajes que lleváis y acompañados de los pajes, que seguro que tambien son maricones para más desgracia. Los demás trabajamos todo el año para que vosotros cobreis el desempleo y además de trabajar solo un día, estáis bién mirados y todo el mundo os quiere, sois famosos por que salís en televisión y sois demasiado creidos cuando vais en la cabalgata, que yo os he visto este año cuando llevé a mi hija.
Pero a mi no me engañais más, pedazo de cabrones. Desde hoy seré malo como los perros, así que ya lo sabeis, para el próximo año os podeis meter el boligrafo por el culo y limpiaros despues con los pañuelos, y respecto a la colonia, será mejor que os la bebais, por que la próxima vez en mi casa no vais a tener la botella de coñac.
Sin nada más, que os den mucho por el culo y hasta nunca.
Carta a los reyes magos enviada el 7 de enero Miguel M.

Nuevo año, nuevos propositos

La felicidad está en el camino del trabajo
(José Martí)

Con la llegada del nuevo año son muchas las personas que aprovechan para marcarse nuevos propósitos. En ocasiones, se utiliza el comienzo del año como punto de arranque hacia una vida mejor y para ello nos planteamos una serie de objetivos.

Algunos se plantean sus propuestas, pero como si el decir fuese suficiente para el cumplimiento de algo, las olvidan a los pocos días, y ya nunca hacen nada más. Otros, van trabajando a lo largo del año en busca de esos objetivos. Y hay quien espera a finales de diciembre a ver que se puede hacer en un día.

Podemos diferenciar entonces a aquellos que se proponen algo pero sólo lo hacen a modo de comentario, y a aquellos que se proponen algo y establecen un plan de trabajo para ello.

Los primeros claro está, no conseguirán nada nuevo, puesto que lo suyo no es un plan de futuro y por tanto la repercusión a nivel psicológico es muy escasa o nula. Los segundos van a trabajar para sus metas, y si las consiguen la sensación será de satisfacción, eficacia, aumento de la autoestima… circunstancia que no debe servir para detenerse y conformarse con ello, sino para seguir creciendo. Si no se alcanzan las metas pueden aflorar sentimientos inadecuados tales como culpabilidad, impotencia, sentimiento de inutilidad, ansiedad o disforia. En vez de lamentarse por lo ocurrido, sería más adecuado extraer un aprendizaje y tratar de aplicarlo en el futuro. Cuando alguien no consigue sus propósitos debe preguntarse si el objetivo planteado era realista, si ha hecho el trabajo necesario para su cumplimiento: qué ha hecho y qué no ha hecho para alcanzar sus metas, y si ha puesto su empeño en la dirección adecuada. En base a ello puede establecer una nueva vía para seguir luchando por su objetivo.

Habría que distinguir entre metas cuyo logro depende de uno mismo (adelgazar, dejar de fumar, hacer deporte) y aquellas que en parte dependen de otros (conseguir pareja, llevarse mejor con el jefe). En este último caso la persona debería sentirse satisfecha si ha seguido los pasos correctos y al final no consigue su objetivo. Por ejemplo, en el propósito de conseguir una pareja, ¿qué se puede hacer? Entre otras cosas, dejarse ver, ser amable, ser uno mismo, entablar conversación… Si alguien hace todo eso y le dan calabazas, ¿cuál puede ser su reacción? Si ha hecho el trabajo tiene que sentirse satisfecho por haber hecho lo que corresponde, aunque al final, en algo que no depende de él, no haya podido conseguir su meta.

No podemos soñar que lo que se desea se realizará con solo decirlo. El trabajo y la decisión son una misma cosa, decir es ponerse a trabajar para esa decisión.

Hay sujetos, y entre ellos unos más que otros, que cuando alcanzan una meta se quedan esperando una recompensa, que cuando no llega, en lugar de trabajar para ello, se dedican a atribuir ineptitud al otro y después estupidez a sí mismo.

Desde el psicoanálisis, estar tristes o alegres, hacer las cosas mal o hacerlas bien, suponen el mismo gasto psíquico.